
Había partido muchos años antes de emprender el viaje; precisamente tuve que viajar solo para reencontrarme…
No me extrañó reencontrarme también con viejos amigos nuevos, ni con los aromas ni las sensaciones tan conocidas; ya había estado en cada uno de estos sitios y dialogado con cada uno de mis azaroso interlocutores mucho tiempo antes.
Sin embargo, aún debía desandar el camino recorrido; sin saberlo, me acercaba lentamente a lo que tanto había perseguido.
En algunas estaciones, encontraba personas que hablan lenguajes que me eran indescifrables. Por momentos, sentía rendirme frente a tan infranqueable barrera. Una monstruosa muralla se alzaba abruptamente y cuando creía caer frente a ella, mágicamente cavábamos túneles de encuentro; un lenguaje universal nos acercaba, nos tomábamos de las manos, nos reconocíamos con caricias, nos explorábamos como selvas vírgenes y finalmente comprendíamos que hablábamos el mismo idioma… el de los gestos, los abrazos y las sonrisas…
En cada estación, el lenguaje del hombre se encargaba de separarnos y la naturaleza nos atraía magnéticamente, irremediablemente… Allí, donde los hombres construían fortalezas para enmarcar territorios y la cultura proyectaba diferencias, la física y la química nos hacían perder todo sentido de la política y los protocolos; la gravedad desaparecía y las densidades se mezclaban… ni siquiera la materia era impenetrable cuando el bálsamo de nuestra humanidad lo inundaba todo…
Cuanto mundo…cuantas argentinas por recorrer…
En sólo un segundo estaba a kilómetros de todos lados y a mis oídos cantaban Silvio, Joaquín y León. Cantaban otras canciones, otros sentidos, otros idiomas y otros lugares; o tal vez, tan sólo las mismas canciones, las mismas melodías pero que ahora se transformaban para siempre…
Autora literaria: Joselina Berraz Montyn
Creador grafico: Martin Castellanos